abril 21, 2008

La plata no te llena de vida

En la vida me he encontrado con gente joven y adulta ambisiosos del futuro y resueltos a emerger profesionalmente a cambio de mucho trabajo. A ellos les quiero decir:

Esta bueno el trabajo, esta bueno el esfuerzo y la ambición de éxito. Lo que no esta bueno es olvidar que trabajamos para vivir, NO vivimos para trabajar. Bueno y qué es vivir?

Para mi vivir es tener tiempo para las personas que amas, tener tiempo para ver a los amigos, es viajar y conocer diferentes lugares, rodearse de aprecio y amistad, y sonreir y reir a menudo.

Pienso que aun en las crisis para sobrellevar la vida hay que tener felicidad y motivos de vida además de nuestra existencia "por default". Pongo este comercial de Standard Bank que está en español y que logra explicar esto que quiero decir, de una manera sencilla y directa. Me encanta este anuncio y no lo voy a olvidar nunca. Miralo!

Para complementar la idea, encontré una nota interesante que escribió Jaime Ordóñez para La Nación en Costa Rica, publicada el jueves 21 de diciembre del 2006, que trata de los resultados de un estudio hecho con gente de todo el mundo acerca de la felicidad:

El dinero no vale (casi) nada

Contrariamente a lo que la gente cree – y también a lo que argumentan muchos economistas y funcionarios de organismos internacionales –, el dinero vale muy poco. En realidad, supone apenas entre un 5% y un 7% de la felicidad. Según los estudios desarrollados por el economista costarricense y profesor de la Universidad de las Américas, en Puebla (México), Mariano Rojas Herrera y sus colegas, los seres humanos vivimos en 5 grandes áreas. Se llaman "dominios de vida", y el dinero es el menos importante.

En varios de sus estudios, el doctor Rojas analiza las respuestas de miles de personas en diversos lugares del mundo, y los resultados son siempre los mismos. El dinero importa, lo más, un 7% de la felicidad, mientras el amor y las relaciones personales suponen el 30%, y la satisfacción laboral un 20%.

Eso significa que andan por allí gran cantidad de opulentos millonarios, con casas en Miami y cuenta de banco en Suiza, que se sienten miserables; y también lo contrario: felices y exultantes ricos sin un peso, que, aunque cuentan los centavos para llegar a fin de mes, son felices. Son gente sonriente que anda con lo puesto; que nunca ha tenido un automóvil y que deberá toda su vida la hipoteca de la casa; que nunca ha ido, ni tampoco irá, a París o a Londres. Sin embargo, vive con extraordinaria plenitud y alegría.

Las claves de la felicidad parecen estar por otro lado. Según la estadística, entrevistando a miles de personas en México (D. F.), Medellín, Malasia, Venezuela, Tokio, EE. UU., etc., el principal factor de la felicidad es – como siempre se había sospechado – el amor, la amistad y la familia. Valen un 30%, como componente general de la felicidad. Le sigue gozar de buena salud, con 25%.

El tercer componente es poseer un trabajo placentero (genere o no mucho dinero), con un 20%. Un cuarto dominio sorpresivamente importante: disfrutar del tiempo libre, tener pasatiempos. Leer, hacer un deporte, coleccionar vasos anaranjados o tenedores de plata del siglo XVIII, vale otro 20%. Esos son los ejes de la felicidad. La mejor solución posible (como usted lo estará sospechando) es tener el hobby como trabajo. La pasión como trabajo, aconsejaba Stendhal. Ello sucede con los artistas y con alguna otra dichosa gente que – literalmente – vive con intensidad cada segundo de su vida.

Esos cuatro dominios suman casi el 95% de los factores de la felicidad. Al dinero le queda un distante y pequeño 5%, realmente poco para la desenfrenada y absurda lucha por conseguirlo en la que viven muchos, dispuestos a traicionar amigos, a enemistarse con hermanos, a mancillar su propio nombre y su honor, todo por su absurda acumulación. Desde luego, como indica el doctor Rojas Herrera, una base económica es esencial: un techo, comida, un ingreso decente para satisfacer las necesidades básicas; pero una vez cubierto eso, la felicidad está en otra parte.

Colombia es el país más feliz del mundo según casi todas las estadísticas. A pesar de la violencia y del bajo ingreso de millones de sus habitantes, tiene el vallenato, la cumbia, el ron de Caldas y la alegría en la piel. Tiene Macondo. Las personas de Medellín o Cartagena son extraordinariamente más felices, a pesar de un per cápita mucho menor, que las de Suecia o Japón, países mucho más ricos, pero grandemente infelices.

Los vecinos del D. F., en México, al igual que los de Nicaragua o Dominicana – según los estudios – son más felices que las personas de los EE. UU. a pesar de ganar de cinco a doce veces menos, según el caso. ¡En algo tenía que equivocarse Max Weber! La ética protestante y de la acumulación de la riqueza será la clave del desarrollo económico, pero no necesaria-mente de la felicidad.

1 comentario:

Andres dijo...

wow, me senti un poco tocado. Me acuerdo de ver la publicidad del banco. Muchas veces medimos los sacrificios que hacemos pensando en los beneficios a futuro y olvidamos el costo que esta teniendo en el presente(en especial cuando se es padre soltero como en mi caso). Es dificil poder tener un equilibrio, pero hay que lograrlo. Saludos!